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lunes, 19 de octubre de 2015

Gran actuación y un magro sonido se mezclaron en la noche de Muse.

Los ingleses Muse pasaron por Buenos Aires y presentaron su último disco, "Drones", con un concierto en el que desplegaron todo su histrionismo y el moderno sonido que los ubica como grupo top del momento, aunque el sonido distó del nivel que debe tener un recital de una exitosa banda internacional y desilusionó a parte del público.

muse argeA diferencia de la presentación en el Teatro Gran Rex del 2008, el vocalista y guitarrista Matt Bellamy interactuó mucho más con la gente y terminó el recital con una bandera argentina atada a su muñeca, alentado a la feligresía, con predominio de chicas y adolescentes, a saltar con "Knigths of Cydonia".

"Muchas gracias a todos. A ustedes también, a los que están allá atrás", gritó Bellamy en referencia a los que sacaron el campo común de $650 y que se quejaron al grito de "No se escucha" durante toda la noche, al punto de chiflar cuando los británicos tocaban baladas, cuyo sonido no llegaba al fondo del Complejo al Río de Vicente López.

Uno de los errores pudo haber sido el de confiar todo el caudal en las torres de sonido ubicadas a los costados del escenario, sin colgar otras, como se suele hacer, en el mangrullo de la consolada central o en torres para llevar el volumen hacia las zonas más alejadas.
Más allá de los reclamos, el sector VIP del campo y las plateas cercanas al escenario, demasiado caras ($1200) para no tener respaldo, disfrutaron de un show que a esa altura sonaba impecable y que no sufrió por los vaivenes del viento ribereño.

El trío Bellamy, Dom Howard (batería) y Christopher Wolstenholmen (bajo) apareció a las 21 sobre el escenario con una introducción y arrancó con dos de los cortes difusión de su último trabajo, el incomprensible y casi infantil "Psycho" y "Reapers", donde mezclan un punteo al estilo AC/DC con un estribillo de voces procesadas.

Ya con 21 años de trayectoria, los oriundos de Teignmouth saben muy bien que con juegos de luces, humo, globos gigantes que lanzan al público e instrumentos con luces led que contrastan con la negra vestimenta consiguen el dominio entero y generan ese clima que mezcla música, tecnología y futurismo.

Como si fueran parte de la "Guerra de las Galaxias", el trío se mueve a través de ambientes en los que los colores primarios se fusionan en las pantallas con imágenes en vivo y de los videos oficiales de las canciones, produciendo un estado de hipnosis en los espectadores que se movían según el capricho de Bellamy.

El cantante-guitarrista es, por lejos, el líder de la banda y, pese a que Howard es un carismático baterista y Wolstenholmen un gran bajista, su ausencia se notó en la interpretación de "Munich Jam", en el que batería y bajo arman un atractivo pero inocuo dueto.

Además de Bellamy, se notó el vacío dejado por Morgan Nicholls, el multi instrumentista (teclados, samplers, guitarra y percusión), que daba el sostén sonoro a la banda en vivo, ya que esa faz electrónica estuvo limitada a un controlador midi (por medio de instrumentos grabados en computadora) y a un sintetizador analógico.

Con una experiencia que incluye a Gorillaz y Lily Allen, Nicholls es la gema oculta de Muse, que pasa desapercibido en los afiches y los gritos del público por no ser miembro de la banda, pero que emerge como una pieza fundamental para los conciertos de los ingleses.

Lejos de aquella presentación de 2008, con un somero set, Bellamy y Wolsteholnmen cambiaron de instrumentos todas las veces necesarias, presentando el sonido indicado para cada canción y un ida y vuelta con la gente que incluyo el despliegue de una bandera uruguaya arrojada desde el Campo VIP.

A lo largo de sus siete discos, uno puede notar influencias tan diversas que pasan por Radiohead, el heavy metal, Queen (sobre todo cuando Bellamy canta desde el piano), la música clásica y el rock más de guitarras como el de The Who.

Así, en la previa de los mega clásicos "Hysteria" y "Black Holes and Revelations", se dieron el gusto de tocar los riffs de "The Honney Roll", de AC/DC, y de "Voodoo Child", de Jimmy Hendrix, con una selección de efectos que los hacían parecer parte del repertorio propio de Muse.

Esa versatilidad también les dio piedra libre para interpretar "Man of the Armonica", del compositor italiano Ennio Morricone, antes de "Knight of Cydonia", canción con la que cerraron un concierto, que, desde el lado de los músicos, puede calificarse como impecable.

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