Pity Alvarez y su séquito presentaron la trilogía evolutiva con “El exilio de las especies (Thend)”.
¿Cuánto dura una hora para vos? Hubo que esperar más de dos para el comienzo. Sin luces en el Cubierto de Newell’s, aún restaban unos minutos para la reproducción, en tres pantallas gigantes majestuosas, de la intro egipcio-mística “Bienvenidos al Apocalipsis”. Cristian “Pity” Álvarez irrumpió con un abrigo rojo, gorra, auriculares y una vincha al estilo Hendrix, escoltado por una “misilera” de luces y flashes. El frío insoportable y los silbidos por la demora se transformaron por ósmosis en aliento, cuando Intoxicados completó el combo instrumental con Jorge Rossi (bajo), Felipe Barrozo (guitarra), Burbujas Pérez (teclados), Peri Rodríguez (armónica), Fabio Cuevas (percusión); los vientos y coros, y las baterías de Alejandro Avellaneda y Abel Meyer.
Con la picardía de siempre, Pity, esbozó: “¡Buen día, chicos!” (sábado 14 de junio, 23:30 hs.) y comenzó el crédito freestyle de “Comandante” en los últimos segundos del onomástico del Che Guevara. Hiphopeando desde su factoría raper de Piedrabuena, abandonó las influencias del Bronx para tomar la acústica e ir a la “Noche con amigos”, una de las mejores canciones de “El exilio…” escrita por el bajista Jorge Rossi (sus coros ni se oyeron). Pegado, el hit, ya low battery, “Pila pila” y luego “De la guitarra”; propicia para el primer solo de Felipe Barrozo. Sobre el final del tema, mientras las cuerdas de Felipe se lucían, Pity comenzó a desglosar con insistencia mántrica: “esto es música”, para arribar al rock puro con “Mi inteligencia intrapersonal”, una de las viejas canciones de los Intoxicados.
Out acústica, in eléctrica y así encarar la etapa más Viejas Locas del concierto con el inédito “Me vuelvo al sudeste”, que salió del anonimato en el nuevo álbum, y “Lo artesanal” para que los vientos comiencen sus intervenciones más prestigiosas cuando Pity, asesorado por una vestuarista, se convirtió en el Dr. Álvarez. Mientras la banda tocaba, se colocó el guardapolvo para luego adherirse en un “Reggae para Mirtha”. Del glamour plástico a la depresión afectiva de “No tengo ganas” y luego viajar imaginariamente a Jamaica con “Un secreto”. Tiempo suficiente para narrar la historia ficticia, ya institucionalizada en la bibliografía intoxicada, de Carl Sagan y Fabio Zerpa en Capilla del Monte, donde aprovechó para despacharse en un verso: “estaría todo bien si no me cortarían las rutas”. Postura contestataria poco recurrente en el líder de Intoxicados. “Siempre está bueno que te mientan, pero sólo en nombre del amor”, repitió hasta el hartazgo para la posta de la autobiográfica (como casi todo lo nuevo) “Quién soy” y de a poco ir mutando en un rocker furioso, casi poseído por Janis Joplin y sus alaridos gloriosos.
“Queríamos que sea un demo arregladito” comentó tras consultar sobre de las repercusiones del último trabajo. Se disculpó por equivocarse en las letras y estallaron los aplausos incondicionales, posteriores a “Una señal” y previo a la venida de “Perra”, otra de Viejas Locas. El solitario de trombón (Fabián Silva) y los coros femeninos apadrinaron a la “Simpática demonia” y un simulacro de despedida. Antes de los bises, Abel apareció entregando palillos de souvenir y Felipe, improvisando a lo Tano Marciello, una versión de “Un beso y una flor”. Post descansito, la consola de Fernando Parra, ponchó el prólogo biodocumental (a lo Nat Geo) en las tres pantallas para el inminente arribo de “Casi sin pensar”. Arrimaron “Eva” y “Homero” también de Viejas… y una versión del “Blues de Rosario” cuando el sonido se hacía añicos. Saludó después en el día del padre, a “todos mis hijos que están aquí” y enseguida se idolatró con un caluroso “la patria soy yo”. Pity consultó: “¿Quieren rock?” y el descontrol invadió el Cubierto. La hoja de cannabis en imágenes y la viola endiosada de Felipe trajeron la ramonera y antiquísima “Una piba como vos” y así dejar conforme a los fanáticos y curiosos presentes. Cuando todo parecía haber finalizado, Pity exigió los samplers del “Himno a Bolaños” para que lo cante el público en el momento más bizarro de la noche. Amagando a irse (como si no tuviera ganas), quedó solo sobre las tablas, caminó, saludó y brindó con cerveza y un etílico “¡Salud!” para reunirse con su banda y recibir los aplausos de la gente.
Cristian Álvarez es la estampita enrielada por una interesante banda algo descordinada tal vez por los imprevistos del carismático vocalista. También la fusión física de Bob Patiño con un villano de Batman de los ‘70s, pero sus canciones, anoche, latían por la crudeza de sus letras y la autenticidad de uno de los grupos que se afincan en un futuro inmediato. Algunos tienen voces privilegiadas o sonidos extraordinarios, pero la sencillez de Intoxicados y ese aspecto de pibes de barrio en un escenario los hace más reconocidos que respetables. Sin duda, pese a quien le pese, pertenecen a las bandas que vienen, las que no se arrancarán los pelos con la piratería ni se preocuparán por sonar como una filarmónica en sus conciertos. Intoxicados es el soundtrack del juego historicista y apocalíptico del excéntrico Pity Alvarez. La ambición y la calidad ya no son los cánones mínimos que busca el marketing y tal vez nunca lo fueron. Con “El exilio…”, Intoxicados marca un momento crítico en la música actual y su presentación en vivo anoche demostró que el futuro no es sólo rocanrol

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