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lunes, 4 de mayo de 2015

Unas 35 mil almas en la cumbre metalera del Monsters of Rock.

Unos 35.000 metaleros fieles coparon ayer los terrenos del ex Parque de la Ciudad para deleitarse con una alta cumbre de figuras del género como Ozzy Osbourne, Judas Priest y Lemmy y su Motorhead.

ozzy2Sufrido el pueblo metalero, enfrento al clima desde temprano y marcho hacia Villa Lugano para asistir al Monsters of Rock, el festival más importante del género que regresaba a la Argentina después de muchos años.

Tanto peregrinaje a la Tierra Prometida, arrojo buenos resultados, ya que a las 16 comenzó a despejarse, dejo de caer la lluvia torrencial, y con cielo presidido para una Luna, que quería que le aullaran, disfruto de una cumbre metalera inolvidable.

El cierre estuvo a cargo del “Madman”, el loco de Birmingham, Ozzy Osbourne, que a sus 66 años se mostró en excelente forma, rodeado de una banda estupenda, y con un feedback descomunal con la gente, que lo motivo toda la noche.

Es más que evidente que el satisfactorio regreso de Black Sabbath el año pasado, le ha insuflado vitalidad y ganas a Ozzy, además de rodearse de músicos jóvenes y de un excelente nivel como Adam Wakeman, hijo del ex Yes Rick Wakeman- que además lo ayuda en la composición, en teclados y guitarra, el notable Gus G en guitarras, en el bajo el movedizo Blasko y en la batería al incansable Tommy Cufletos.

Un párrafo aparte para esta banda, de notable calidad, virtuosa, monolítica, que tiene como puntos destacados al griego Gus G que se hace cargo sin problemas de acordes creados por Tony Iommi, Randy Rhoads y Zakk Wylde. Lo de Cufletos es notorio, tiene una precisión, un groove y una polenta notable, debe de estar entre los mejores bateristas del mundo.

Feliz y excitado Ozzy salió al escenario para arrancar con “Bark at the moon” de su disco homónimo de 1983, mientras la gente estallaba emocionada, la banda exhibió todo su poderío y se retiro para que Wakeman y Ozzy quedaran solos en el escenario.

Comenzaron a sonar los acordes de órgano de "Mr Crowley" que fue cantada por todo el estadio, sorprendiendo y poniendo feliz a Ozzy.
Ozzy es un fanático de las ciencias ocultas al igual que el Led Zeppelin Jimmy Page y ambos junto a los Deep Purple son admiradores del fallecido maestro de la magia negra y el satanismo Aleister Crowley.

Su loca conducta, su fijación con los crucifijos y su pasión por las ciencias ocultas, le valieron a Ozzy el apodo de "Príncipe de las Tinieblas".

Excitado por la reacción del público que canto toda la canción, Ozzy tomo la manguera con espuma y mojo a todos los fotógrafos y camarógrafos que se encontraban al pie del escenario y que sin ninguna queja, celebraron la ocurrencia del ex Black Sabbath.

“Fairies Wear Boots Lyrics” un clásico de Sabbath, hizo vibrar a la gente, mientras una preciosa Luna llena cubría la noche de Lugano, acompañando a su hijo prodigo y esperando que este le aullara como en sus viejos videos.

La siguió "Suicide Solution", una canción del disco clásico "Blizzard of Ozz", su primer álbum solista, que le provocó en los 80 muchos problemas judiciales al cantante, hasta que Ozzy que dialogaba y arengaba en cada intermedio anuncio a la bella balada “Road to nowhere” del discazo “Out of tears”, en la que Gus G pudo mostrar su velocidad y su talento con la guitarra, mientras que Cufletos y Blasko sostenían todo.

A pesar de haber visitado la Argentina varias veces, Ozzy se emociono hasta la medula cuando escucho a la gente corear el riff y el estribillo de “War Pigs” de Black Sabbath y aplaudió al publico, enloquecido.

Tras dejar a la banda zapar un rato, Ozzy volvió al escenario motivadísimo para cantar su éxito solista “I don’t want to change the world” y después dejar a la gente en llamas, emocionada y sacudida con los clásicos de Sabbath “Iron Man” y “Paranoid”.

Unos minutos antes, el escenario había estado ocupado por otro Dios del Metal, Rob Halford, junto a sus socios de Judas Priest que hoy tiene de sus miembros fundadores al guitarrista Glen Tipton, y al bajista Ian Hill, mientras que el baterista Scott Travis se unió a la banda para el disco “Painkiller” de 1990 y al guitarrista británico Richie Faulkner, que se sumó en 2011 en reemplazo del veterano KK Downing.

Judas Priest formaron parte junto a Iron Maiden y a Saxon de la Nueva Ola del Metal, que en los 80 reformuló el genero y lo llevo de nuevo a ser un éxito mundial, basado en el poderío de sus guitarras, pero en especial en la onda que le ponía su vocalista Rob Halford.

Halford redefinió la vestimenta del heavy metal, dejando de lado los pantalones Oxford pata ancha y las camisas multicolores, por el cuero, las tachas, muñequeras con clavos y mucha ropa negra y crucifijos.

Además el vocalista encarna la sorpresa más dura que vivió el heavy metal, ya que es un gay declarado, situación que le costó mucho digerir a un género muy machista y homofóbico.

Tras varias idas y venidas, la banda sigue vigente, editando nuevo discos y girando por todo el mundo, mientras Halford todavía mantiene esa voz privilegiada, capaz de alcanzar los agudos más altos.

Tipton y Faulkner se reparten las partes de guitarra mientras recurren subgeneros como el speed metal, el doom, el trash y el glam, sostenidos por una base impecable que conforman el baterista y el bajista.

Halford entro vestido como las convenciones mandan, largos sacones de cuero, tachas, con un detalle particular, al finalizar cada canción se retiraba del escenario y volvió solo después de los primeros acordes de la siguiente.

Así fueron pasando canciones de sus últimos discos como “Dragonaut” además de clásicos como “Metal Gods” del álbum considerado fundamental para el genero “British Steel” de 1980.

A todo esto, Halford se cambiaba sacones de cuero por chalecos de jean, de cuero o camperas motoqueras, mientras hacia gala de su gran voz, aullando como una gárgola poseída en “Devils Childs” del disco “Screaming for Vengeance”.

Cada canción era anunciada a través de las pantallas con la tapa del disco como ocurrió con “Victimas of changes” del disco “Sads wings of Destiny” de 1976 o el clásico “Breaking the law” de “British steel”, al igual que “Turbolover” del disco homónimo de 1986, cuando la pantalla se pobló de imágenes de motos y de miles de escudos de clubes de motociclistas alrededor del mundo.

Este recorrido de la iconografía metalera tuvo su pico cuando Halford emergió todo vestido de cuero a bordo de una moto chopera, Custom, llevando la fusta de cuero entre los dientes, tal como establece la vestimenta sadomaso que eligió usar desde siempre en Judas Priest.

Halford eligió hacerlo durante la canción “Hell bent for leather”, que traducido al castellano quiere decir decir el “infierno vencido por el cuero”, del año 1978 del disco “Killing Machine”.

La canción con su título son casi una declaración de ambigüedad al extremo por parte de Halford, en mundo metalero bastante cavernícola y anti-gay, en una lucha que ganó y lo llevo a ser considerado un dios del metal.

La moto permaneció en el escenario hasta el final del show se dio con el instrumental “Hellion” seguida por “Electric eye”, ambas del disco “Screaming for Vengeance” de 1982, seguida por el apoteótico “Painkiller”, con el cual se despidieron los británicos.

Las presencias extranjeras en el escenario se abrieron con el infaltable Lemmy Kilmister y su Motorhead, esa bola de sensaciones, de ruido, de rock cuadrado de alta velocidad, con algunas pizcas de bues y hard rock.

Un gorro de cuero militar, con el icono de Motorhead en metal presidia la cabeza de Lemmy, que lucio un chaleco de jean, una camisa negra, unos chupines negros y unas botas texanas blancas caladas en negro con el logo del grupo.

Lemmy lleva años acompañado en las guitarras por Phil Campbell y en la batería por Mikkey Dee, que le dan color y furia a ese ritmo y velocidad que KIlmister le imprime a la banda desde su viejo Rickenbacker cubierto con madera tallada.

Motorhead toco casi todos sus clásicos y a Lemmy se lo vio recuperado de la indigestión que le impidió realizar varios shows previos en el Brasil, aunque a sus 69 años, este veterano de mil batallas ha cambiado el whisky por el vodka con naranja por culpa de una diabetes que lo afecto de grande.

Con la presencia de Lemmy, la fiesta fue completa para las huestes metaleras argentinas, que además ayer tuvieron a representantes en el escenario como Carajo, Malón, Plan 4 y El Buen Salvaje.

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